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¿Por qué es necesario analizar el impacto diferenciado intergénero e intragénero de la crisis sobre la situación laboral de mujeres y hombres en España?

Los análisis económicos y financieros necesitan la inclusión de la perspectiva de género para que los diferentes modelos económicos dejen de centrarse únicamente en la producción e intercambio mercantil, y comiencen a tener en cuenta el trabajo familiar, doméstico y del cuidado que hasta ahora se ha marginado a la esfera de lo no económico. En épocas de crisis, esta perspectiva se hace aún mas necesaria, ya que actualmente, en los mensajes de la economía tradicional, no existe un análisis completo con relación al impacto real de la crisis, recortes, y como afectan en función del género y otros factores que como sabemos componen la diversidad humana. Así también, desde este análisis económico convencional existe una hegemonía del trabajo mercantil sobre el reproductivo, considerando este último subsidiario. (Pla, 2012)

De acuerdo con Lina Gálvez y Juan Torres (2010) en su libro Desiguales, a medida que ha ido avanzando la crisis, es común escuchar como las mujeres han resistido mejor que los hombres a la situación económica. El discurso económico tradicional ha visibilizado que la destrucción de empleo ha afectado a sectores masculinizados y en consecuencia, ha afectado con mayor gravedad a los hombres.

Es necesario entonces, justificar un impacto diferenciado intergénero e intragénero de la crisis sobre la situación laboral, teniendo en cuenta la desigualdad de la que partimos mujeres y hombres en la vida económica, y como esta situación tiene su origen en el modelo de familia tradicional, “hombre proveedor de ingresos/mujer ama de casa” (male breadwiner) (Pichio, 1999) o el “mito del varón sustentador” del que nos habla Laura Nuño (2010). Modelo familiar que esta en crisis, ya que sería inoportuno negar la diversidad de modelos de familia que coexisten con el tradicional en la actualidad. 

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Un enfoque no androcéntrico nos permitirá debates que tengan un concepto del trabajo en toda su amplitud, teniendo en cuenta el trabajo mercantil, pero también el reproductivo. Ya que si nos centráramos únicamente en en el empleo, no tendríamos una dimensión real de la problemática actual y por lo tanto, “a la hora de adoptar medidas para combatirla será imposible que se puedan adoptar soluciones que sean reparadoras por igual del daño sufrido por todos los sujetos sociales. Cuando se estudia la experiencia histórica de otras crisis es fácil observar que si no se tienen en cuenta su efecto desigual sobre mujeres y hombres, la diferente situación económica y social de cada uno ante los procesos de deterioro de la actividad económica, las crisis se resuelven también de modo desigual” (Gálvez, 2010).

Así también nos permitirá deconstruir la falsa neutralidad de los modelos macroeconómicos y por lo tanto las diferentes implicaciones de género en las diferentes regulaciones, no solo el laboral, también el financiero, vivienda, consumo, etc y como no, en las políticas sociales. En esta línea, es interesante revisar como los recortes afectan de manera diferenciada a las mujeres, y como la elaboración de presupuestos y gasto público, no tiene en cuenta el impacto de género. Por norma general, estos no son sensibles al genero, en ocasiones se disfrazan de neutralidad y en otras ocasiones son ciegos a la situación de desigualdad existente. No suelen tener correlación con los planes de igualdad planteados, además de no incluir acciones de manera transversal. Esto indica que si la organización, partido político o administración en cuestión, no tiene una sensibilidad real, no esta concienciada con la necesidad de, es difícil y complicado que dichas acciones se ejecuten realmente y más difícil aún que tengan algún reflejo en los presupuestos. Si consultamos cualquier presupuesto de cualquier comunidad o incluso los presupuestos generales, no nos será difícil ver como el gasto destinado al fomento del empleo y al bienestar social, donde se incluye el cuidado y atención de personas dependientes, es muy inferior al que debería considerarse si realmente quieren implantarse medidas que favorezcan la igualdad y un entorno sostenible. Esto es, si tenemos en cuenta que todo lo que no se gaste en el sector de bienestar, supondrá carga de trabajo no remunerada y adicional para las mujeres. Si queréis más información sobre la temática presupuesto y género podéis consultar: 

www.presupuestoygenero.net

Es imprescindible tener en cuenta la brecha de género, para poder responder a esta gran cuestión ¿por que las mujeres, trabajando más que los hombres, acceden a los recursos de manera desigual e injusta? Tendremos que hablar entonces de la feminización de la pobreza y la pobreza oculta de la dependencia. Esto es, la pobreza específica en el seno de los hogares, a consecuencia del reparto desigual del trabajo, distribución desigual de los recursos dentro del hogar, y a el crecimiento de las familias monomarentales (1 de cada 3 mujeres en el mundo debe proveer alimento y educación para sus hijas e hijos sin el apoyo de sus padres). La división de género del trabajo nos explica por que no tenemos la misma situación profesional, y que esto, en parte se debe, a la distribución desigual de las tareas familiares. Esa distribución desigual hace que nuestro trabajo sea considerado como una fuente secundaria de ingresos y en consecuencia, menos importante.

 Una vez aclarado que existe una división del trabajo (trabajo mercantil/trabajo reproductivo) ,que este último aún es asumido por la mujer, que la sobrecarga del trabajo femenino es mayor (105% en el caso de los países industrializados, 120% en los países en vías de desarrollo), y que el 75% del trabajo masculino es remunerado y el 66% del trabajo femenino es no remunerado.(Fuente Informe de desarrollo humano. http://www.unpd.org) … ¿Aun nos quedan dudas de la injusta situación de la que partimos? 

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Si hacemos referencia al trabajo mercantil, es interesante observar como las diferencias de género en el mercado de trabajo, trascienden los sistemas económicos. Existen determinadas características comunes a nivel internacional que diferencian la situación laboral intergénero como son: las trayectorias laborales de entrada, permanencia y salida mas discontinuas que las de los hombres; inserción laboral incompleta (relacionada con la precariedad y la informalidad laboral); la segregación horizontal y vertical existente y las diferencias salariales. No obstante, es importante señalar que las trayectorias laborales de las mujeres se han caracterizado por una progresiva evolución, relacionada con la feminización de la clase asalariada, el desarrollo del sector terciario, las transformaciones de la relación con el empleo femenino y el éxito de las mujeres en el sistema escolar y universitario.

 Si bien las trayectorias laborales comienzan a asemejarse a las masculinas en cuanto a continuidad, con relación a la inserción laboral, las tasas de ocupación no se incrementan de las misma forma. Así también, cuando cae el desempleo promedio, las tasas de desempleo femeninas se sitúan por encima de las masculinas. A nivel intragénero, podemos observar el incremento de la participación femenina en la edad adulta, a consecuencia de la participación laboral de las mujeres jóvenes (periodo en el que se igualan o aproximan a los varones) y como las mujeres inmigrantes han tenido unas tasas de actividad del 68% superando la de las autóctonas y confirmando la aportación económica de las migraciones. (EPA 2007)

Si observamos estadísticas actuales, son las mujeres las que representan una menor tasa de actividad, una menor tasa de ocupación y una mayor tasa de desempleo. Así también, son las mujeres las que representan una mayor tasa de desempleo de larga duración, siendo la brecha salarial media del 21,9%. Estos datos nos sirven para evidenciar la desigualdad de las mujeres en el mercado de trabajo, y el sesgo que se deriva de percibir únicamente la rentabilidad en términos económicos, de mercado y en términos productivos (remunerados). Partiendo de esta situación, es más que evidente, que las políticas y por ende los presupuestos, deberían orientarse a la implantación de medidas que favorezcan el empoderamiento femenino, la igualdad y el fomento de medidas de conciliación y corresponsabilidad que equilibren la eterna separación de la esfera pública y privada.

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Fuente: INE

La precariedad e informal laboral es característica de la situación laboral femenina. Esta situación se agudiza en el caso de las mujeres pertenecientes a países situados en América Latina y Caribe, Medio Oriente y África norte, África Subsahariana y Europa Central y Oriental que alcanzan los % mas altos de desempleo. Un ejemplo de ello son las maquilas, ubicadas en zonas francas de libre comercio y pertenecientes a empresas del norte orientadas a la exportación con incentivos fiscales y sin derechos laborales. 

Si bien se ha producido una evolución con la incorporación de la mujer en el mercado laboral, esto no ha producido una igualdad en los diferentes sectores del mercado de trabajo, ni tampoco una igualdad salarial. Esto es, actualmente seguimos viviendo la segregación horizontal y vertical. En lo que respecta a la primera podemos observar como la mayoría de los empleos femeninos siguen concentrándose en determinados sectores y ocupaciones. Según el IV T EPA de 2008 la tendencia nos decía que las mujeres ocupaban un gran % del sector servicios y de las personas empleadas por cuenta ajena en jornada parcial.

Así también los tipos de ocupación más representativos eran: administrativo, servicios de restauración, técnicos profesionales y trabajadoras no cualificadas. En la actualidad, podemos observar como la situación de las mujeres continua siendo desfavorecida y agravada en este periodo, ya que las mujeres continuamos representado la jornada parcial, y el sector servicios, sector que contempla niveles muy elevados de desempleo.

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El desempleo desciende en la Agricultura (31.200 parados menos), en la Construcción (17.900) y en la Industria (14.300). Por el contrario, aumenta en 99.900 en los Servicios. Fuente: INE.

Otro de los aspectos que contribuye a la segregación horizontal, es la consideración de que las tareas de la esfera de la reproducción son un ámbito privado exclusivo de las mujeres. Ya se ha comentado el daño que produce el mito del varón sustentador y como esto implica que las mujeres continuemos presentando las jornadas parciales y el interés que esto puede suponer en épocas de crisis, ya que la mujer continuaría siendo la responsable de la esfera privada, disminuyendo por lo tanto las tasas de desempleo.

En lo que respecta a la segregación vertical, es ya conocida la dificultad para acceder a puestos de toma de decisiones y de poder por parte de las mujeres, el llamado techo de cristal que nos da unas cifras bajísimas de mujeres en consejos de administración ó en puestos directivos. En épocas de crisis la situación se vuelve doblemente complicada. Sabemos que invertir en talento femenino sería una alternativa sostenible pero existen intereses que dificultan que las mujeres accedan a estos puestos a través de los sistemas de cooptación, a menos que se impongan sistemas de cuotas. La situación actual, nos indica que la proporción de mujeres en consejos en España ha aumentado constantemente desde algo más del 3% en 2003 a 11,5% en enero de 2012. Esto representa un aumento de casi un punto porcentual por año. A este ritmo de cambio llevaría 30 años o para lograr unos consejos con al menos el 40% de cada género y el plazo de 2015 estipulados en la ley de la cuota de 2007 no se cumpliría. Fuente: European Commision`s Database on women and men in decision-making. 

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 Sin embargo el gran lastre, y lo que marca las grandes diferencias intra e intergénero es la invisibilización del trabajo reproductivo y el reparto desigual del trabajo no remunerado. Si acudimos a la encuesta de empleo y tiempo, y observamos la distribución de tareas en un día promedio, veremos que las mujeres dedican en la actualidad 4 horas y 7 minutos a las tareas del hogar y la familia, frente a 1 hora y 54 minutos que dedican los hombres. Esto supone que este trabajo sigue atribuido a la mujer dentro de los hogares. Durante los tiempos de bonanza económica, el trabajo doméstico comenzó a mercantilizarse, esto es, mediante la contratación de trabajadoras domésticas a través de una empresa, o mediante el régimen de empleados de hogar. Esto no produjo una reducción de las diferencias intergénero, ya que estas tareas continuaron encomendándose a las mujeres, solo que en este caso, se trataba de mujeres inmigrantes, produciéndose a su vez cambios cualitativos en las diferencias intragénero. Las mujeres migradas comienzan a desempeñar este trabajo invisible, precario que promociona la liberación de las autóctonas.

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Fuente: INE

En épocas de crisis, hay un interés por mantener a las mujeres al margen de la esfera productiva. Las mujeres vuelven al hogar, las mujeres inmigrantes se plantean retornar a sus países, y todo vuelve a “su lugar”. Por este motivo, es fundamental, y más en el momento económico en el que nos encontramos, visibilizar la aportación que realizan aquellas personas para sostener un hogar (de manera no remunerada), sin el cual, sería impensable un desarrollo pleno e integral para las personas dependientes, menores, y miembros familiares que tienen un trabajo remunerado.

 Poner en valor el trabajo que se realiza de manera no remunerada en los hogares, es sumamente importante para reflejar la necesidad de establecer un modelo de sociedad mas sostenible, mas igualitario, donde exista una corresponsabilidad en las tareas del cuidado. Siendo extrapolable a la esfera productiva (remunerada) para crear conciencia en el sector empresarial, concienciar a nivel político sobre la necesidad de establecer permisos retribuidos, intransferibles y pagados al 100% para que las tareas de cuidado sean compartidas. Sin duda, esto favorecería una adecuada gestión del talento y ejercicio de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en las organizaciones.

 Visibilizar la dedicación del tiempo, el reparto desigual, y cuantificar lo que suponen las tareas del cuidado y mantenimiento de un hogar, supone darle el valor que las mujeres aportan en la sociedad, más allá del trabajo remunerado que realizan. Nos ayuda a evitar centralizar la producción en mercancías, y nos ayuda a visibilizar el valor del trabajo del cuidado. Esto es visibilizar lo que realmente supone para la economía, concienciar de la importancia del reparto responsable de las mismas, y en consecuencia darle un mayor valor a las tareas del cuidado que también se desarrollan en el trabajo remunerado. No olvidemos que cuando estas tareas se realizan en el mercado ordinario, son mal pagadas, y en condiciones de explotación en muchas ocasiones.

Queremos alternativas sostenibles, que apuestan por el cambio real. Como refiere Lina Gálvez, a la que citábamos con anterioridad, confiamos en el reto de otro poder. “Es necesario partir del presupuesto de que es posible que todos los seres humanos, incluyendo a las mujeres por supuesto, tengan iguales derechos y capacidades para vivir como tales, como un fin en sí mismos, y establecer un reparto de poder que garantice que todos los hombres y mujeres influyan, en igualdad de condiciones, a la hora de decidir sobre los asuntos sociales, que les permitan vivir vidas que consideren vidas dignas de ser vividas”

Entrevista a Lina Gálvez. Vicerrectora de Postgrado de la Universidad Pablo de Olavide.

Referencias bibliográficas

Galvez Muñoz, L., Torres López, J,. Desiguales. Barcelona: Icaria.

Nuño Gomez, L. (2010). El mito del varón sustentador. Orígenes y consecuencias de la división sexual del trabajo. Barcelona: Icaria.

Picchio, A (1999) “Visibilidad analítica y política del trabajo de reproducción social” en Carrasco, C (1999): Mujeres y economía. Nuevas perspectivas para viejos y nuevos problemas. Ciaria-Antrazyt, Barcelona.  

Pla, I. (2013) Modulo Mujer y trabajo. El trabajo de las mujeres. Dualismo vital y empleo. Material Master Oficial en Género y Políticas de Igualdad. Universidad de Valencia. 

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